Las bodegas Osborne en El Puerto de Santa María

Una visita a las bodegas Osborne es la mejor forma de conocer y aprender sobre los vinos de Jerez, su historia y la relación con el entorno.

¿Dónde? – La entrada se encuentra en la Calle los Moros, 7, en El Puerto de Santa María. Se encuentra cerca de la Plaza de Toros, el Castillo de San Marcos y la Plaza del Polvorista.

¿Cuándo? – De lunes a domingo de 10h a 15h. En verano amplían el horario y hay visitas en horario de tarde (19h a 22h). Cada tramo horario tiene asignada una visita en un idioma determinado, por lo que lo mejor es consultarlo en su web. Es imprescindible RESERVA PREVIA.

¿Cuánto? – La visita Mora Estándar tiene un precio de 15€ por persona, incluye la degustación de cuatro vinos de Jerez + un brandy opcional. Por motivos de reciente reapertura por el coronavirus, temporalmente hay un 2×1 en la entrada. La visita VIP incluye además la degustación de jamón y caña de lomo Cinco Jotas y tiene un precio de 40€ por persona. Por último, la visita Premium incluye en su cata tres vinos VORS (Very Old Rare Sherry) y tiene un precio de 55€ por persona.

Modernidad y tradición se unen en la Bodega Osborne.

Al comenzar la visita, ya en la recepción, uno se sorprende de cómo un espacio insertado en un barrio bodeguero ha podido unir modernidad y tradición. Tanto el restaurante Toro Tapas, como la recepción, la tienda y la zona de catas, consiguen mostrar un aspecto exclusivo y moderno; que contrastará con la conservación tradicional de la bodega. Tras colocarte una pegatina del famoso toro de Osborne, comienza la visita en el recibidor de la bodega, donde anteriormente se encontraba el famoso toro de Osborne de Swaroski. Las medidas de seguridad por motivos del coronavirus se centran en la obligatoriedad de la mascarilla, distancia de seguridad entre grupos de visitantes y evitar tocar cualquier objeto o zona.

El recorrido podríamos dividirlo en tres partes : historia – elaboración del vino – cata del vino. La historia de Osborne comienza con un comerciante inglés, Thomas Osborne Mann que comenzará a comercializar los vinos de la zona a finales del siglo XVIII. Este rastro histórico puede observarse para aquellos que visiten el Puerto de Santa María. De hecho, la visita se lleva a cabo en las afueras, o mejor dicho, en el polígono bodeguero del Puerto. El centro histórico o el casco antiguo podríamos referir que termina en la Plaza del Polvorista; por lo que se decidió crear un polígono de bodegas en el barrio donde se encuentra la visita actualmente. No se trataba de crear una zona de bodegas en mitad de la ciudad, sino que por aquel entonces, ese era el final habitado de la misma. [A fin de cuentas, actualmente los polígonos también se sitúan en los exteriores de las ciudades]. Con el crecimiento de la ciudad, fue necesaria la expansión de la misma más allá de este barrio bodeguero, hacia la zona de la playa.

Lo primero que sorprenderá al visitante al entrar en la bodega es la humedad reinante y la sensación descuidada del lugar. Y no es que Osborne se niegue a pintar las paredes de blanco, si no todo lo contrario, puesto que necesitan de esa humedad para alcanzar la temperatura adecuada en el interior. Necesitan conservar la habitación a una determinada temperatura y lo único que pueden hacer cuando el calor (como en verano) es muy elevado en el exterior, es regar los suelos.

Otro elemento llamativo es la disposición de las botas en tres alturas, lo que responde no a un sistema de colocación fotogénica, sino al sistema de criaderas y soleras. Las botas del último piso son la solera y es el vino más antiguo. Cada cierto tiempo, se saca vino para ser embotellado. Pero no se saca todo el vino del barril, sino solo un 1/3 de la misma. Se rellena entonces con 1/3 del barril que está encima (la primera criadera), y esté, a su vez, del que está encima (segunda criadera). Este proceso provoca que haya continuamente mezclas de cosechas (puesto que nunca sabremos con certeza que cosecha o cosechas van en ese 1/3 que se saca para otro barril); por lo que los vinos de Jerez nunca tendrán en su botella la fecha de la cosecha.

La visita se detiene para explicarnos el proceso de crianza biológica ayudado de un barril transparente, por lo que observamos lo que hay en el interior. En una bota con un alcohol a determinada graduación y con un espacio de oxígeno a los días aparece una levadura, la flor del vino, que actúa como capa protectora y evita que se oxide el vino (por eso el vino fino tiene un color casi transparente). Pero otros vinos, con una graduación mayor, matan esta levadura y por consiguiente, eliminan esa capa.

La última parte de la visita es en una galería-museo sobre la imagen del toro de Osborne. A lo largo de toda la visita tratan de desligarse de cualquier relación con simbología taurina o política. El Toro de Osborne es famoso por su situación en las carreteras españolas y a pesar de haber mermado su número, sigue siendo un símbolo reconocible por los viajeros. A pesar de haber bastante contenido en esa galería, la visita guiada sigue su ritmo y dificulta pararse a ver todo el contenido. En la galería destaca la cabeza de un toro del tamaño de las vallas de las carreteras lo que nos muestra su verdadero tamaño, así como el toro de diamantes de Swaroski.

Tras la visita guiada llega el momento de la cata, donde se degusta un Fino Quinta, Bailén, Santa María Cream, un Pedro Ximénez 1827, y opcionalmente, un Brandy. Todo ello acompañado de un paquete de frutos secos y de patatas. Se nos explica el uso o acompañamiento de cada uno de ellos, así como sus propiedades, y para que nos vamos a engañar, es la parte que más se disfruta de toda la visita. Tras la misma, se acaba la visita y la salida se hace a través de la tienda, donde además de los vinos, podrás adquirir cualquier producto de la marca Osborne.

En definitiva la visita cumple a la perfección al introducirte el contexto histórico del vino en el marco de los vinos de Jerez, conocer la elaboración y comercialización del producto y comprobarlo a través de la degustación de los vinos. Por ello, para aquellos que visiten El Puerto de Santa María, es una gran opción.

4 comentarios en “Las bodegas Osborne en El Puerto de Santa María

  1. Un lugar con solera, gracias por la guía.

    Con todas estas fotos, es casi un tour virtual 😉

    Un abrazo viajero,
    Aitor

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    1. ¡Muchas gracias! Si en alguna ocasión puedes visitar la zona, ¡tienes que catar todos esos vinos!

      ¡Un saludo compañero! 🙂

      Me gusta

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